El futuro del planeta se decide en la COP26 de Glasgow

Escrito por Greene

11 de enero de 2020

Después del resultado de mínimos de la COP25 Chile/Madrid, toda apuesta de futuro pasa por establecer en la próxima cita de Glasgow acuerdos significativos a favor de la reducción de las emisiones de gases contaminantes, la reducción de carburantes fósiles y la aplicación de un buen modelo de economía circular en materia energética. Los acuerdos de mínimos de la Cumbre celebrada en Madrid han sido más ‘mínimos’ que ‘acuerdos’, dejando el planeta en los niveles previos a la Cumbre de París. Es por ello, que en la COP26 de Glasgow de noviembre se determinará el futuro del planeta, puesto que no cabe otra posibilidad de retraso de las medidas que frenen los incrementos de temperatura más allá de 1,5º centígrados.

Está claro que hay que resolver la cuestión de la doble contabilidad de las emisiones de CO2 entre países, de modo que la comunidad internacional no se haga trampas a sí misma. También establecer un acuerdo marco que incluya a los países grandes contaminantes, y que les permita entrar en el juego de reducir la emisión de gases nocivos para el planeta a corto y medio plazo. Sí, también los países en vía de desarrollo requieren paquetes de ayudas que permita a sus ciudadanos no sufrir directamente la transición de un ‘modelo carbónico’ hacia otro sostenible y renovable.

Son muchos las cuestiones que hemos dejado para la Cumbre por el Clima de Glasgow. Sin duda, establecer una correcta prelación de medidas para reducir residuos y generar energía es básico. Para los que estamos convencidos de que hay muchas maneras de generar energía de manera sostenible, con una huella carbónica irrelevante, hacemos un llamamiento a considerar de verdad la gasificación. Es decir, la técnica de termoconversión que puede generar energía reutilizando Residuos Sólidos Urbanos e industriales, además biomasa.

En este caso, el resultado es la generación de un Syngas, un gas sintético de múltiples usos. Este proceso consiste en una combustión parcial de los residuos orgánicos en una atmósfera baja en oxígeno obteniendo un gas combustible de bajo poder calorífico procedente de la energía química del residuo tratado. Se obtiene de esta forma un gas sintético que produce energía eléctrica tras su combustión, energía térmica procedente del proceso, la eliminación del residuo y una baja producción de residuos asociados al proceso (cenizas). En cuanto a las emisiones procedentes de la combustión del Syngas, se generan gases a concentraciones inocuas para la salud y medio ambiente.

En la generación de energía estamos hablando de un mecanismo de impacto ambiental inapreciable, que reduce el consumo de derivados del petróleo, pero que al mismo tiempo elimina gran parte de los Residuos Sólidos Urbanos no reciclables.

La alternativa a este proceso es seguir remitiendo a los vertederos la producción diaria de toneladas de residuos. Una opción que, paradójicamente genera al año 11 millones de toneladas de CO2 al año sólo en España. Una cantidad que se suma al impacto que estas infraestructuras generan a través de sus lixiviados, más la depredación de territorio que requiere esta gestión para la ubicación de los vasos de residuos.

Enterrar no puede ser la solución en pleno siglo XXI, como ya han descubierto los países más punteros del norte de Europa que tienen niveles de gasificación y tratamiento de residuos muy por encima de las cifras españolas.

Glasgow debe determinar el camino a seguir. Las autoridades europeas incorporan las técnicas de generación de energía a través de residuos como una opción para España dentro la jerarquía de tratamiento de residuos, que sin duda tiene cabida en la energía verde. El color y el símbolo de la ciudad escocesa de Glasgow que determinará nuestro presente y futuro.

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